Dentro de las milenarias etnias, se destacan los Kogi, Wiwa, Kankuamos y Arhuacos, quienes conciben al macizo de la Sierra Nevada de Santa Marta como el centro del universo, en donde para guardar su equilibrio el hombre y la naturaleza deben encontrarse en perfecta armonía.

Estos y otros pueblos llegaron al continente americano del norte y sur del territorio, de migraciones oceánicas promovidas por los cambios climáticos de la última glaciación. Se mezclaron con otros aborígenes y hoy se conservan como patrimonio arqueológico de los pueblos indígenas y de la nación Colombiana. Estos primeros habitantes desarrollaron, antes de la era presente, sistemas de vida móvil basados en la caza y la recolección, que luego se transformaron en la explotación del medio ambiente costero,la agricultura y residencia sedentaria, para en ultimas, ya en la era cristiana, acentuar sus habilidades en el desarrollo cerámico,de orfebrería, alfarería y construcción de recintos ceremoniales especiales, y quienes para muchos alcanzaron niveles tan importantes como los Incas en el Perú y los aztecas y mayas en México y Centro América.

El hábitat natural de los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, en particular, lo compone la diversa topografía y climatología del macizo montañoso. Antaño discurría su existencia en forma itinerante entre los pisos térmicos más bajos y calientes, los templados y los fríos en la parte cercana al paramo. Actualmente, las cumbres nevadas constituyen el lugar de residencia de la mayoría de los pueblos sobrenaturales que, de acuerdo con sus tradiciones, rigen el destino de la especie humana y del planeta.


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